Warao quiere decir Gente de Curiara, (canoa hecha de un solo tronco esculpido y quemado por dentro para que se expanda). Viven en el Delta del mayor río venezolano el cual es muy importante para ellos que muchos aprenden a remar casi al mismo tiempo que aprenden a caminar.
Por eso
Orinoco significa "lugar donde se rema" porque para ellos fluir con el río magnánimo y estable es acceder al mundo, transportarse, socializar, explorar, conseguir sustento, existir.


Los waraos son sobrevivientes, fue una de las pocas tribus que superaron primero a los ataques de los temibles
Caribes y luego a la colonización, gracias a que eligieron como escondite el
Delta Amacuro y sus infinitos caños e islas . Aunque antes eran nómadas, ahora con la explotación petrolera, el contrabando, la industria maderera, no les ha quedado mas remedio que adoptar el sedentarismo y establecerse en lugares seguros e incluso, en algunos casos, vivir precisamente de estas actividades que destruyen su ambiente.
Sin embargo, en algunas épocas del año dejan abandonadas comunidades enteras en busca del favor del río. Sus actividades principales son la pesca, la caza, la recolección de frutos silvestres y también de cangrejos en época de sequía. También poseen una inmensa y hermosa tradición artesanal que incluye las famosas cestas realizadas con las fibras de la
palma moriche...



... las esculturas de madera
balsa con que representan a la naturaleza y a si mismos.

y las mejores hamacas que existen por su resistencia, flexibilidad y estética...
Aun construyen sus hogares, a la orilla del agua, el techo de palma temiche a dos aguas sobre
palafitos de palma manaca lo suficientemente altos para protegerlos de las mareas altas, sin paredes porque aun no tienen nuestro concepto de "intimidad" y necesitan la brisa que los alivie de la humedad

Pero en viviendas donde antes el Warao solo guardaba sus recursos de caza y pesca, su guayuco y su hamaca ahora gracias al contacto con la civilización, estas simples viviendas sin el concepto de almacenamiento están saturadas con artículos intrusivos a su cultura como la ropa, los envases plásticos y de vidrio, los bidones de gasolina para los motores de los botes mas rápidos y contaminantes contra los que ya no pueden competir las curiaras.


Durante tres años, conviví con dos de sus comunidades, una semana de cada mes. Fui guía de visitantes alemanes, generalmente antropólogos, biólogos y ecologistas que estaban dispuestos a soportar calor, barro y mosquitos por estar en contacto con esta cultura pre-hispánica y por disfrutar la fauna variada y única del segundo río más caudaloso del mundo (después del Amazonas). Trabajé en el delta a lo largo del Caño Manamo, y en el Estado Monagas a lo largo del Río Morichal Largo.
Estas fotos fueron hechas en viajes a Caño Manamo en los cuales, junto a ñañez y a Aquilino (guias locales), recorríamos el río en busca de monos
araguatos y
capuchinos,
guacharacas y caimanes, para luego descender a caminos dentro de la selva utilizados para la agricultura en forma de conuco y buscar ejemplares de todo el universo de palmeras y árboles de las que depende la vida cotidiana de los Waraos. Entre ellos, el Sangrito del cual sacan la madera balsa, la Palmitera de cuyo cogollo sacan el palmito, rico vegetal comestible como lo hace aquí Aquilino…

Y la palma moriche, que es el “Árbol de la vida” de los Waraos porque utilizan toda la palmera para su beneficio. Los frutos son muy nutritivos con un alto contenido de proteína y vitaminas, con el que además se hace aceite y una bebida muy fresca que al fermentarse se convierte en el alcohol con el cual se embriagan. De las hojas extraen tiras de fibras con las que elaboran cestas, collares y con las que amarran sus palafitos. De los troncos viejos de estas palmeras extraen la pulpa con que hacen la Yuruma, una harina comestible. De estos mismos troncos perforados y cubiertos con hojas brota después de algún tiempo el "nojobo" una especie de vino que consumen de inmediato porque si no se avinagra y por ultimo también extraen las larvas o gusanos de una especie de escarabajo que se crían dentro del tronco de la moriche. Las comen crudas o cocidas y las consideran un gran manjar. Cuando las probé, su sabor me pareció al de la manteca que acompañado de pan no sabe tan mal y es fuente de proteínas para los Waraos cuando la caza es escasa.
Aquilino con larvas de moriche en la boca...
ñañez sacando larvas del tronco de Moriche...

Nuestra base era el Campamento Boca de Tigre en
Caño Manamo, una vía acuática dual a la que a veces era muy dificil acceder gracias a la Bora, planta flotante que se acumulaba con la marea cubriendo todo el rio y cuyas raices se enredaban en los motores de los botes dejandonos varados por horas a merced del Orinoco mientras venian a auxiliarnos.
El campamento era un oasis de frescura y hospitalidad con personal Warao y cómodas habitaciones en medio de la selva, donde en la noche podían oírse a los araguatos aullar y a los jaguares rugir...

ñañez (uno de los guías) era capitán de una de las comunidades que visitábamos y nunca nos llevamos muy bien. Con los guías hombres no tenía ningún problema, pero conmigo se ponía terco y huraño porque era contrario a su cultura y posición hacerle caso a una mujer. Y yo era la única guía mujer. Aunque el hogar es matriarcal y se respeta a la figura femenina más anciana de la casa, el hombre puede tener varias mujeres y familias a la vez, y marcados rasgos de machismo que van en proporción a su poder. Solo después de algún tiempo, ante mi pedido de entrenar otro guía, aprendió a aceptarme y a ponerse de acuerdo conmigo en las decisiones de la expedición pero no sin un gran esfuerzo. Yo también aprendí a entender lo extraño que era para un Warao de ese rango, una mujer que vistiera pantalones y botas, se metiera en el barro, gritara, manejara el bote, supiera pescar, decidiera paradas y rumbos, y no siempre demostrara miedo aunque lo sintiera… y mucho.

Pero como contrapartida estaba Aquilino...

... un warao feliz y sonriente, sincero y valiente, lleno de curiosidad y de respeto por sí mismo y por los demás. Con él, explorar el Delta era una alegría, juntos sacamos madera balsa del sangrito, comíamos felices palmito fresco recién sacado de la palmitera, pescábamos pirañas,

... sacábamos cangrejos de la arena del manglar, espiábamos a la fauna camuflajeada del Orinoco y vivíamos uno de los tiempos mas felices de mi vida.
Sin embargo, nunca llegué con grupos de turistas más allá de donde llegó la iglesia y la -a veces mal llamada- "civilización". Solo gracias a Aquilino...
fue que mucho tiempo después -cuando me concedió el honor de su amistad-, pude llegar a lugares y personas que realmente me transformaron y sobre los que me cuesta un poco escribir.
Aquilino se convirtió en un gran amigo mío y a través de él pude ver el alma sabia y pura de su gente más allá de las diferencias culturales y lingüísticas. Me llevó a lugares maravillosos e inexplorados, me presentó a sus maestros y como no hablaban español, se prestó como traductor con esos seres tan especiales, me dio a su hija como ahijada , aquí conmigo… que no pude bautizar nunca porque abruptamente dejé de viajar allá por razones de salud.

Lo único que Aquilino me pedía para mostrarme su mundo es que no llevara cámara, solo mi cuaderno. Entre los lugares a que Aquilino me llevó está uno que siempre guardo en la memoria y el corazón; él y su familia lo llamaban “La Laguna del Silencio”. Ahí no tuve mas remedio que aprender a estar en silencio durante largo tiempo, a riesgo de que a la primera palabra susurrada, nos retiráramos inmediatamente de ahí. Es una práctica que al principio no entendía y que creí que solo se trataba de una especie de reverencia sagrada a la belleza del lugar, lleno de manglares verde brillante, palmeras altísimas llenas de misteriosos sonidos de vida, nubes de Morpho, la mariposa que solo es azul cuando vuela, una brisa perenne y suave que invita a la calma, agua transparente y extremadamente serena…
Luego los vi… mirarse a los ojos llenos de belleza, los vi sonreírse y hablar sin palabras y entonces entendí que el silencio era un lenguaje de una ternura y un agradecimiento infinito por la naturaleza y por la familia que no se podía expresar verbalmente. Y con el tiempo, el silencio y el azar me dieron un premio sorpresa y pude ver a los visitantes escondidos de la laguna: Las familias de manatíes y solo una mágica vez: las toninas rosadas del Orinoco.
Aquilino también me presentó a Aguayo que me miraba a través de los ojos más brillantes y rodeados de arrugas que he visto… me decía cosas extrañas que me desesperaba no entender porque hablaba con la calma de quien ha descubierto una gran verdad… Pero en este lugar, pocas veces visitado, Aquilino estaba demasiado ocupado como para traducirme lo que Aguayo me decía. Sólo una noche de tormenta, de esas a las que aun temo como cuando era niña... justo esa noche... sentí mucho miedo porque estaba sentada sobre palos de manaca, con mucho frío en un hogar sin paredes y viendo crecer el río … Aunque trataba de disimular y concentrarme en el fuego y la comida, saltaba involuntariamente cada vez que caía un rayo o sonaba un trueno, causando la risa amable y solidaria de mis anfitriones. Solo entonces Aquilino me tradujo una parte de lo que Aguayo decía que ofrezco aquí con un lenguaje un poco más comprensible que el original:
“El rayo puede caerte encima o no, aunque no haya tormenta; el trueno puede rugir aunque no haya peligro o porque lo hay, la lluvia es necesaria para que se despeje el cielo pero puede inundar tus pasos en la tierra, el río enojado puede regalarte una mejor pesca o llevarte con él, el frío puede hacer que descubras tu propio calor o que te enfermes”...
Yo asentía, como entendiendo y entonces dijo, un poco enojado o quizás queriendo darle un tono de autoridad a sus palabras:
“Si supieras esto, si realmente lo entendieras podrías hacer una de dos cosas: temblar como el acure toda tu vida o recostarte como yo viendo pasar el tiempo. ESO es tu miedo a la tormenta.”
Me quede viéndolo hipnotizada y en silencio. Él y los otros fueron a acomodarse en sus hamacas. Aquilino y su mujer me abrazaron solidarios antes de irse a dormir. Esa noche no me sobresalté ni una sola vez más, y estuve en una especie de trance aceptando a la tormenta. Lo anoté en un cuaderno y con el tiempo lo olvidé.
Ayer lo encontré en ese mismo viejo cuaderno que me trajeron hace poco de Venezuela, como un mensaje que justamente ahora necesito. Ahora que la incertidumbre y el miedo a lo desconocido me están afectando mas que de costumbre, ahora que volví a sobresaltarme y a “temblar como el acure” durante las tormentas, llega Aguayo y su mensaje desde lo mas profundo del Orinoco para recordarme mi esencia. Por eso esto.
Fotos: Gloria Arocha. Aquilino Sanchez.
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