"Ilona llega con la lluvia". Alvaro Mutis.

(Maqroll sobre los amigos)... Apenas amigos de ocasión pero ajenos a ese tránsito por las regiones oscuras de la aventura de vivir, esa danza descabellada de los raros instantes de dicha compartida con aquellos que en verdad podemos llamar nuestros amigos.

(Maqroll sobre el milagro salvador) Fue entonces, a punto de llegar al borde del abismo, cuando ocurrió el milagro salvador. Llegó cumpliendo un ritual que se cumplía en mi vida con tal puntual fidelidad, que no tengo más remedio que atribuirlo a la indescifrable voluntad de los dioses tutelares que me conducen, con hilos invisibles pero evidentes, por entre la oscuridad de sus designios.

(Ilona sobre el lanzarse) Dos o tres aventuras de rutina, de esas que uno comienza a sabiendas de que no van a funcionar y, sin embargo, se lanza de cabeza para hacer algo, por pura inercia y porque tal vez aquello sirva de puente para entrar en otra cosa; en lo nuestro, ya sabes.

(Ilona sobre la fe en lo inesperado) “Si nos preocupamos por esto, sabes de sobra que no va a aparecer la solución. Sí, ya sé, este no es lugar para quedarse toda la vida. No existe, por lo demás, semejante sitio. Al menos para nosotros. Lo malo de las crisis como la que acabas de sufrir, es que minan esa confianza en el azar, esa fe en lo inesperado, que son condiciones esenciales para encontrar la salida. Dejan que pasen las cosas, ellas traen escondidas la clave. Si se busca, se pierde la facultad de descubrirla”.

(Maqroll sobre la fe) Tenía razón. Me di cuenta entonces, de lo profundo de mi caída, y de hasta donde ésta había entorpecido y paralizado los resortes del mecanismo que otorga una ciega confianza en nuestro sino. Esa certeza propicia que tantas veces, me había rescatado de tremedales aun peores que este del que escapaba gracias a Ilona y a la lluvia que la había traído. Hacíamos el amor por las tardes, con la lenta y minuciosa paciencia de quien levanta castillos de naipe. Después del torrencial y liberador derrumbe de las cartas, nos lanzábamos a evocaciones de comunes amigos, de lugares compartidos y disfrutados en otras épocas, de platos inolvidables saboreados en rincones solo por nosotros conocidos... Había que encontrar esa solución mágica que siempre nos había salvado y en la que teníamos, Ilona sobretodo, una fe muy semejante a la que sostiene al equilibrista en mitad de su trayecto.

... Aquí no pasa nada. Es decir, pasa todo pero no lo que me interesa.

... Era evidente que la vida reserva siempre sorpresas mucho más complejas e imprevisibles y que el secreto consiste en dejarlas llegar sin interponerles castillos en el aire.

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