MJ

María Jota, cuantas cosas no dichas antes de que partieras:
Tus manos, tu voz, tu mirada, tu casa fueron mi refugio de una adolescencia tan turbulentamente callada como la mía. Nunca te lo dije…, no sé si llegaste a imaginar lo importante que fue tu imagen nutritiva y afectuosa para mí en aquellos años.
Tú eras Charallave, ese pueblo querido lleno de Arochas.
Tú, tus hijas, Rita Elisa, y las fiestas claro, tanta fiesta pueblerina sencilla, pura y comunal en las que mi desconcierto y mi soledad se aliviaban: Carnaval de carrozas, Semana Santa de procesiones, Agosto de Santa Rosa y Billo’s Caracas Boys y los Melodicos y tanto primo enamorao, Diciembre de Nacimientos, Parrandas y Misas de Gallo. De todas regresábamos a tu casa grande y fresca como tu corazón, a tu risa que celebraba todos los cuentos, todas las travesuras, a tu cocina que olía a fuerza dulce, a renacimiento.
Ante ti, yo siempre fui esa adolescente demasiado tímida y delgada, tan parecida a "Enosino", que como él se salvaba en el baile y en la alegría de tu gente. Tú siempre fuiste para mí, esa voz cálida que nos recibía en la madrugada, que nos preparaba arepitas a media mañana, ese silencio acogedor que no juzgaba ni preguntaba, solo nutría, cuidaba y esperaba. Tú, Fifa, Norberta, madres que me protegieron el alma, sabiéndolo o no, en aquella época insospechadamente dura. Ninguna de ustedes conocerá a mis hijas, a ninguna podré mirarles a los ojos y agradecerle tanta maternidad tierna y gratuita, entendiendo ahora sí como nunca sus silencios elocuentes, sus arepitas, su desprendimiento.
Gracias María Jota, abrázame a Fifa. Aquí se quedan conmigo, entre lo más consentido, lo más apreciado, lo más bello y querido de mi memoria: Arrullándome el alma.

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