
El elefante encadenado:
En el circo, me llamo la atención el elefante de un peso, tamaño y fuerza descomunales y que casi siempre permanecía atado a una estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba sus patas. Me parecía obvio que un animal así podía liberarse con facilidad. ¿Por qué no huye? Pregunté. –Porque está amaestrado- me contestaron. Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?-seguí preguntándome. Pero años después encontré la verdadera respuesta: El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca desde que era muy, muy pequeño. Empujó, tiró y sudó tratando de soltarse. Y a pesar de sus esfuerzos no lo consiguió.
Hasta que un dia el animal aceptó su impotencia y se resigno a su destino. Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Jamás se ha vuelto a cuestionar esa creencia. Jamás intento volver poner a prueba su fuerza.
Todos somos un poco así. Vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que no podemos porque hace algún tiempo, en nuestra infancia, lo intentamos y no lo conseguimos. Cuando a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, pensamos: No pude, no puedo y nunca podré. Vivimos condicionados por el recuerdo de un yo que ya no existe y que no pudo. La única manera de saber si podemos hacerlo ahora, es intentándolo poniendo en ello todo el corazón.
Jorge Bucay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario